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Princesa, ya no denigres a tus amigas

Cuando me denigras, te denigras. Y viceversa.

En serio, no es una rima. Es la auténtica verdad.

Parece mentira, pero las mujeres tienen un vocabulario mucho más extenso que los hombres para referirse ofensivamente a otras mujeres. Me consta porque he escuchado salir ATROCIDADES de boca de mis parejas y amigas (mujeres) para referirse a «competidoras sexuales» (mujeres) desde que estaba en la universidad.

Es como si una faceta oscura del sexo femenino se alimentara de la inseguridad y los pellejos del machismo, y reaccionara en contra de su propio sexo.

Es lo más parecido a una posesión que he vivido.

El tema es: ¿son conscientes las mujeres de todo lo que DESTRUYEN cuando se refieren ASÍ a otras mujeres?

He hecho esta pregunta a parejas y amigas antes, y aunque parecen entender mi punto, tampoco es que les importe demasiado.

No es del todo su culpa. En muchas partes de América Latina, las mujeres crían a sus hijas para que compitan con otras mujeres, una versión feminicida de Los Juegos del Hambre.

Generalmente, el trofeo es un hombre sexy o adinerado (no siempre se puede tener todo), y la promesa de una vida sin necesidades.

Suena bonito, pero es el infierno.

¿De cuándo acá las mujeres necesitan un hombre sexy y adinerado que haga todo por ellas?

Un hombre puede tener todo el dinero del mundo y aun así no podría dar a luz 3 bebés al mismo tiempo ni con un edema.

Tristemente, no todas las mujeres piensan en esto antes de denigrarse a sí mismas y a otras a cambio de vivir un amor Disney, y así la rueda kármica gira y gira con más CHICAS criando CHICAS para odiar a otras CHICAS.

Quiérete más, princesa

En el fondo, el problema es que, si no te quieres lo suficiente para creerte capaz de tener éxito en la vida sin ayuda de un Macho Alfa, vas a depender de la aprobación de alguien más hasta que mueras.

Ni siquiera sé de dónde viene la idea de que a las mujeres se les llama «perras» o «zorras» para insultarlas o insinuar que son promiscuas. Una perra (hablo de la especie) no puede evitar «poner el mundo de cabeza», ¿sabes? Es su naturaleza.

Al menos que te eches feromonas encima y entres en celo, nunca vas a ser una perra, como nunca serás nada que no quieras ser.

Así que quiérete más, princesa. Comienza de a poco y luego enamórate locamente de ti misma.

Además, la próxima vez que sientas el impulso de llamar: zorra, perra o bruja a otra mujer, sé consciente de quién eres y pregúntate de dónde vienen tus palabras.

¿Quién te enseñó a odiarte tanto como para querer que otras mujeres se sientan odiadas también?

Escuchar a un hombre decirle «puta» a una chica es indignante, pero oír a una mujer decírselo a otra es ANTINATURAL.

Por Rita Arosemena P.

Sin sexo, sin raza, sin país. Creo que el sentido de la vida es viajar por el mundo probando comidas raras y enamorándote cada día hasta de lo feo.

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