Ama las estrías en su cadera, en todas sus formas, sentidos y direcciones, y ámalas cuando las veas, ámalas en su desnudez, y no cuando pieles falsas las escondan.

Ama cada cicatriz, marca de nacimiento, lunar y peca de su cuerpo, pero ámalas porque sí, porque son dignas de amor, y nunca “a pesar de ellas”.

Ama sus pies porque son suyos, porque son navíos de libertad, y hazlo sin importar a qué ritmo surquen las calles o junto a quién prefieran caminar.

Ama su dolor, su inconsistencia, sus horas más oscuras; ámala con las luces apagadas y no solo cuando ilumine como un sol.

Ámala porque ella, esa mujer, es perfecta en cada centímetro de su cuerpo, y lo es, también, en la suma total de ellos.

Ámala porque ella, esa mujer que vas a amar, es el universo entero contenido en forma humana durante un breve y mágico suspiro de tiempo que tu amor volverá eterno.