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Despertar espiritual

Vivir sin miedo al destino

Parece increíble, pero crecemos predestinados a fracasar o tener éxito en la vida con base en los éxitos y fracasos de los demás.

Si eres de los que cree que el destino es una ruleta rusa, este artículo podría ser demasiado chocante para ti. Aún así, te animo a leerlo hasta el final, porque quizás te cambie la vida.

A veces, nuestro mayor miedo no es ser incapaces de convertirnos en lo que soñamos, sino terminar convirtiéndonos en un producto inesperado. No saber cómo manejar nuestra grandeza.

La psicología llama autoprofecías a los comandos internos que heredamos de nuestros padres, la familia y la cultura, pero también los que nosotros mismos nos contamos al oído.

Hay una vocecita interna que tiene la capacidad de motivarnos y hacer que levantemos el culo del sofá para hacer cosas grandiosas, o puede cagarse por completo en nosotros si la dejamos. Es un sorteo de opciones en el que tenemos la gran ventaja de saber cuál es el premio bueno y cuál es el malo. ¿Fácil, eh?

Pues la verdad es que no.

Si todo el mundo pudiera desarrollar la capacidad de gobernarse a sí mismo de la noche a la mañana, Latinoamérica no estaría tan jodida porque la gente no elegiría políticos inútiles, amorales y ladrones.

El tema del autogobierno (o su ausencia) tiene todo que ver en la orquesta de la pobreza y la ignorancia de los pueblos: “si yo creo ciegamente que no soy capaz de administrarme a mí mismo, entonces necesito A MUERTE que alguien más lo haga”.

Necesito que alguien me solucione la vida, me abra los caminos, me ponga el pan en la mesa y críe a mis hijos.

Parece increíble, pero crecemos predestinados a fracasar o tener éxito en la vida con base en los éxitos y fracasos de los demás. Y de ahí aprendemos también a cambiar votos por comida, o por plata, pero eso es un tema aparte del que todavía me da rabia escribir.

El problema es que nadie nos explican que la “mala suerte” de nuestros abuelos no significa que vayamos a tener una vida de mierda, y que los errores de nuestros padres fueron su camino y su lección, no la nuestra.

Cuando escucho a alguien hablar del destino como justificación incuestionable de sus tristezas, pienso en lo exitosa que esa persona podría ser si tan solo dirigiera toda esa fuerza de autocondena en sentido contrario.

Esa tercera ley de Newton me encanta, me ayuda a enfocarme cuando tengo días complejos y cuando la humanidad me exaspera:

destino, Vivir sin miedo al destino, RitaEscribe

“A toda acción corresponde una reacción de igual magnitud y dirección, pero en sentido contrario”

Isaac Newton, un crack póstumo

Meleagro, las tres Parcas y cómo hemos malinterpretado el destino

Los griegos y los romanos creían que la vida del ser humano está gobernada por la fortuna o Destino. Llamaban Moiras o Parcas a las tres diosas hermanas encargadas de girar, medir y cortar el hilo de la vida. Sin embargo, incluso estos tipos sabían que cada hombre y mujer es dueño de su destino, y aunque creían que las Parcas influían en el rumbo de la vida, la fortuna individual era un misterio, porque hasta las Moiras podían ser engañadas por los Dioses o sentir compasión por los humanos.

Una de las referencias más importantes a las Moiras se encuentra en el mito de Meleagro:

Cuando Meleagro tenía 7 días de nacido, las Moiras le dijeron a su madre que el niño moriría solo cuando se consumiera el tizón de leña que ardía en la chimenea de la casa, así que Meleagro era casi invencible. Su madre, Altea, esposa del rey Eneo, sacó del fuego el tizón y lo guardó en un lugar seguro. Meleagro creció y se convirtió en un fuerte guerrero, pero un día su padre metió la pata durante las ofrendas a los dioses, porque se olvidó de Artemisa. Ella, como castigo, envió al reino de Eneo un enorme jabalí para destruir las tierras, las cosechas, los ganados y a cualquiera que intentara detenerlo. Ante la devastación que causaba el jabalí, Eneo organizó una cacería épica en la que participaron grandes héroes mitológicos, como los argonautas, y la gran cazadora Atalanta, de quien Meleagro se enamoró. Total, estos muchachones se negaron a ir de caza con una mujer, hasta que Meleagro los convenció, y resulta que al final fue Atalanta quien hirió al jabalí con una flecha para que Meleagro lo pudiera rematar. Los tíos del fortachón, que eran de otro reino al parecer más retrógrado que de lo habitual por ese entonces, no aceptaron que una mujer se quedara con el premio y se lo arrebataron diciendo que era de ellos por derecho de nacimiento 🤦🏻‍♂️ Esto provocó un enfrentamiento entre ambos pueblos y, al final, Meleagro mató a sus tíos y su madre lo mató a él echando el tizón de leña al fuego. Colorín colorado.

El mito de Meleagro nos enseña que, aunque exista lo que pudiésemos llamar predestinación, y esta puede influir en nuestras decisiones de vida en algún momento, el futuro es una sorpresota, y lo menos que podemos hacer al respecto es amarrarnos bien los pantalones y construir nuestro propio destino.

Un pedazo de poema de William Ernest Henley nos lo recuerda: Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.

Nacimos originales y morimos réplicas chinas

Nadie vino al mundo para repetir los pasos de alguien más, pero a veces puede tomarnos media vida darnos cuenta.

La vida es una experiencia única para transformarnos en la mejor versión posible de nosotros mismos. La mala noticia es que no nacemos en la Tierra con un manual de instrucciones o un paso a paso a seguir; la buena es que no hay una “forma correcta” de hacer las cosas, un Abracadabra, un solo ángulo para ver el cielo.

Aunque suene cursi, aquí les va:

La única verdad absoluta es el amor, y aunque podamos tardar más de una vida en entender lo que supone el verbo amar, una parte de nosotros nace sabiendo que el amor crea y el miedo destruye.

Lo que llamamos “mala suerte” es un producto del miedo, de escuchar al Ridículo que todos llevar dentro para tomar decisiones. Pero el destino, que también ampara a los sabios, enreda el hilo de la vida para favorecer a los magos, a los “locos” que mueven cosas con la mente y aman lo suficiente para cambiar la realidad.

Hay quienes han tomado el destino como la excusa perfecta para sabotear sus propias vidas, convertirse en alguien que detestan ver al espejo o sentir vergüenza de sí mismos.

Si esto es lo que estás haciendo con tu vida al día de hoy: ¡déjate de joder! Estás perdiendo el tiempo (el único activo que no se recupera), y amargándote la existencia a ti y a los demás.

El destino puede ayudarnos a entender el hilo de una obra de teatro o de un libro bien escrito, pero culparlo de nuestras decisiones es tan absurdo como culpar a la roca con la que nos tropezamos porque no se quitó del camino.

Puedes pasar el resto de tu vida creyendo que estás condenado a vivir en la pobreza, y así crear más pobreza, o puedes darle sentido a la vida convirtiendo los obstáculos en semillas que, tarde o temprano, vencerán a la muerte.

Bueno, ¿y cómo dejo de tener miedo?

A lo mejor si te das un buen golpe en el lóbulo frontal, puede que dejes de tenerle miedo a todo. De lo contrario: vas a seguir teniendo miedo al menos a una cosa o situación en la vida, y el mérito es justamente ese, hacerlo con miedo.

A lo mejor esa es una frase de libro de autoayuda, pero doy testimonio de su veracidad: tenía miedo cuando dije “Me voy a vivir a Colombia con los ingresos de mi trabajo como Blogger (soy de Panamá), no sé cuánto pueda sobrevivir, pero me largo”.

En el avión casi me cago del susto, pero si no hubiera tenido miedo no me respetaría tanto como me respeto hoy, y no me tendría confianza para hacer más de 20 cosas (como escribir este blog).

El miedo no se va, te lo digo yo. Se aplaca, le haces sujeción como a un perro malcriado, y así te vas aprendiendo a entender con él y él contigo. Pero nunca se va.

¿Te preguntas qué hice para vencer el miedo y creer en mí?

Se necesita voluntad para apartar de tu vida lo que no te aporta nada y quedarte SOLO CON LO BUENO, pero la verdad es que la voluntad a veces recibe ayuda. Si estás buscando darle un giro a tu vida, déjame recomendarte algo que va a CAMBIAR TU FORMA DE PENSAR POR COMPLETO, tal y como sucedió conmigo.

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Por Rita Arosemena P.

Sin sexo, sin raza, sin país. Un poquito asocial pero muy chévere cuando me conoces. Creo que el sentido de la vida es viajar por el mundo probando comidas raras (pero sin carne) y enamorándote cada día hasta de lo feo. La clave es vivir una vida inspirada y poner en práctica la Ley de la Manifestación.