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Mi camino

Carta de amor “ofensiva” de una ex resentida

El 95% de las personas odia a la gente que antes aseguró amar de la punta de la cabeza a los pies descobijados a medianoche (como yo, que le daba la vuelta a la cobija sin darme cuenta y los pies se te enfriaban, y se te enfriaban… y el amor también se te enfriaba).

La cultura popular me exige que te dirija palabras vertiginosas y componga frases con una dosis exacerbada de ingenio para que debas leerlas tres o cuatro veces hasta que tu cerebro d3c0d1f1qu3 3l m3ns4j3. Porque si algo aprendí de ti es que te ofusca no comprender, y que no eres como esa gente que se conforma aparentando un entendimiento erudito de asuntos complejos, tú realmente quieres comprender, sentir que has conquistado algo que antes desconocías y te desconocía, porque eres una mujer jugando a comerse el mundo y, a veces, eres el mundo entero hecho mujer.

Pero siempre fuiste (y sigues siendo) muchas cosas, a saber:

Un milagro hecho mujer.

Un unicornio hecho mujer.

La esperanza hecha mujer.

El despertar, el día,

las ganas de irse a la cama por el abrazo

aunque no haya sueño.

La dificultad de escribir en el idioma de la ofensa radica, en este caso, en que la única actitud ofensiva que siento nacer hacia ti es la de ponerme de pie enfrente tuyo y sonreír violentamente hasta que mi sonrisa gane la batalla, y la falta de amor no alcance, y sonrías, y el universo estalle para que podamos volver a empezar.

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Quien diga que la guerra se hace más fácil que el amor, no ha conocido mi amor (que eres tú) y, por lo tanto, debería guardarse sus opiniones para el resto del mundo, que tampoco te conoce y por eso vive a medio encender. ¿Alguna vez te dije que abrazarte era como colgarse el alma a una estrella? Te confieso que lo era, y por eso sospecho que sigo y seguiré encendida aunque en el camino ya no abrace nada, y a la estrella que amo la abrace otra.

Te guardo resentimiento, no puedo ocultarlo y jamás tuve la costumbre de mentirte cuando me querías como para comenzar a hacerlo ahora, cuando yo te quiero.

Soy una resentida con todos los agravantes que se prestan para otorgar sentido de gravedad a una condición humana, y por eso procedo a citarlos, que son:

Resentida con agravante de besos no dados, de “te quiero” no dichos, de abrazos no dados… De “te amo” silenciados por miedo a no escuchar uno igual.

Pero quiero decirte que fuiste siempre una especie de semi-sueño hermoso, de esos que uno tiene entre dormido y despierto y que hace a los niños creer en la magia, y los desorienta.

Caen de la cama pero son felices porque volaron en secreto y lo saben.

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A veces no hay que decirlo, a veces basta con saber, sabiendo que hay verdades cuya aceptación equivale a vencerse a uno mismo y conquistar la muerte. Hay que saber siempre, aunque no se diga, aunque se presuma de la ignorancia más rotunda, porque hay nostalgias que solo el intento de amnesia puede aliviar.

Y por eso yo escribo siempre cartas, siempre. Por eso las flores se marchitan y vuelven a nacer. Por eso te amo, no siempre, pero nunca como ahora…

Y también por eso ya no te lo diré.